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Colombia, el complicado juego de la liberación

Miguel A. Murado

Como los antiguos reyes-héroes, que se hacían acompañar de un cronista para que cantase más adelante sus gestas, Hugo Chávez tenía ayer a su lado a Oliver Stone. El director de Asesinos natos forma parte del comité que tiene que lograr hoy la liberación de tres rehenes de manos de las FARC y llevarlos a Venezuela.

Y menudo comité. Pocas veces una operación de recogida de unos rehenes ha sido planificada con tanto cuidado y ejecutada con tan poca discreción. El viernes y el sábado eran al menos seis las aeronaves, entre helicópteros y aviones, que iban y venían sobre la selva. Y, junto a Oliver Stone, los representantes de sietepaíses. Merece la pena enumerarlos: Está Suiza, lo cual es lógico puesto que la operación será nominalmente ejecutada por el Comité Internacional de la Cruz Roja, una organización exclusivamente helvética. Está Francia porque, aunque realmente no ha hecho nada, su presidente se resiste a no estar en algo. El resto de los países, en cambio, no están allí tanto para aplaudir a los secuestrados como a su liberador: Bolivia, Ecuador, Argentina y Cuba; además de Brasil, que no es un país chavista pero sí forma parte de una nueva Latinoamérica que cada vez orbita más cerca del presidente venezolano.

Todo este alboroto no es mera anécdota. En realidad, es la noticia, porque pone en evidencia que la operación no cuenta con el respaldo de Bogotá, tan sólo con su tolerancia a regañadientes. Por eso es tan complicada. En la zona del rescate hay 20.000 soldados colombianos que, en teoría, intentarán interceptar a los guerrilleros antes y después del rescate. Chávez lo ha organizado todo por su cuenta, contra los deseos de Uribe, que en su momento le destituyó como negociador. Pero Uribe no tiene más remedio que dejarle hacer, porque de otro modo tendría que vérselas con las familias de los secuestrados y con Francia.

Si la operación tiene éxito, como es de esperar, se habrá terminado el calvario de tres infelices y se pondrá en marcha toda una dinámica política en América Latina. Chávez, tras el traspiés de su último referéndum, volverá a recuperar su lugar central en la gestión de la imagen pública de Suramérica. En Colombia, la presión para que Uribe acceda a negociar con las FARC se volverá mucho más intensa, posiblemente con Sarkozy implicado, ahora sí, personalmente para que se logre a la liberación de Ingrid Betancourt. Ésta se ha convertido en una causa mediática en Francia y el presidentegalo menos modesto desde De Gaulle no va a dejar pasar una oportunidad así. Por cierto que no deja de ser irónico que la implicación de París en este asunto comenzase por un capricho personal del rival más feroz de Sarkozy, Dominique de Villepin, quien se interesó por la suerte de Ingrid Betancourt no por su doble ciudadanía franco-colombiana, como se ha dicho tantas veces, sino por su amistad personal con sus hermanas…

Para Uribe todo esto es una complicación. La relativa estabilidad que ha logrado para Colombia durante su mandato se basa en un pacto con los jefes de la ultraderecha paramilitar (fuertemente presentes en el parlamento). La zona desmilitarizada y la excarcelación de 500 guerrilleros que piden las FARC son concesiones que Uribe quiere evitar a toda costa porque podrían hacerle caer en desgracia. De modo que, tan pronto como sean liberados los tres cautivos de las FARC (si no lo han sido ya a la hora de publicarse este artículo) será Uribe quien se habrá convertido en rehén; en su caso, rehén político de los acontecimientos.



Miguel A. Murado
Internacional : La Voz de Galicia

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