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El peligroso descubrimiento de Hillary
Miguel-Anxo Murado
“Pon tu dinero donde pones tus palabras” dicen los jugadores de póker americanos. Obama y Hillary no dejan de hablar, y hablan bien los dos, pero no tienen la misma cantidad de dinero. Obama puede poner sobre el tapete los 31 millones de dólares adicionales que ha recaudado en abril, Hillary no puede “ver” esos millones. No los tiene. Siguiendo en el vocabulario del póker, Hillary no es un bluff, simplemente no puede sostener la apuesta. Podría haber ganado, en un mundo en el que no existiese Obama, pero ha tenido la mala suerte de coincidir con él en el tiempo y el espacio. Y aún así no se rinde, en lo que empieza a parecer un claro caso de ludopatía: sigue jugando y jugando a crédito cuando nada, salvo un atentado o un milagro, podrían darle el triunfo. Obama ya ni se mete con ella, elogia su “firmeza” y su “determinación”, como quien dice unas palabras amables en un entierro. Él ya está en otra cosa: se concentra en McCain, el hombre que llegará a las presidenciales perfectamente descansado y con dinero de sobra, pero con el problema de que la gente va a estar tan acostumbrada a Obama que muchos hasta creerán que ya es presidente.
La nominación no es un plebiscito sino un voto por delegación, por lo que el “voto popular” que esgrime Hillary, aparte de discutible, no vale nada. Entonces, ¿Por qué Obama no declara ya su victoria, puesto que tiene más delegados? Simplemente, porque no puede humillar a Hillary. No es sólo que necesite a sus votantes para octubre. No puede porque Hillary, con su “firmeza” y su “determinación”, ha destapado un secreto que el partido demócrata tiene que volver a enterrar cuanto antes: que para sus votantes cuenta la raza a la hora de elegir candidato. En eso han demostrado no ser muy diferentes de los republicanos. Se sabía, pero ser demócrata consistía en fingir que no.
Ahora está claro que al menos un tercio de los votantes de Hillary preferirían a McCain que a Obama, y éste tiene que coser ese roto cuanto antes o no podrá ser presidente. Quizás esté aquí el gran asunto secreto que se dirime en estas primarias demócratas. Lo que se está poniendo a prueba es si es más fuerte la ideología o el prejuicio, la imagen o el estatus. No es extraño que el duelo Hillary-Obama parezcan ya unas presidenciales. Lo son.