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Indicios escenográficos
Miguel A. Murado
Tanto Obama como McCain se repitieron ayer en Ohio. Obama volvió al “yo puedo soportar otra semana de ataques de John McCain, pero América no puede soportar cuatro años más de las políticas de George W. Bush”. McCain, reiteró, en referencia a su experiencia en Vietnam: “Llevo luchando por este país desde los dieciocho años y tengo las cicatrices que lo prueban”. Es lógico, era una antología de las frases que mejor les han funcionado.
Pero ahí se acababa todo parecido entre los dos. Como durante toda la campaña, Obama se elevó sobre su propio discurso para convertirlo casi en un himno. Tocó fibras muy sensibles para la América conservadora: la auto-atribuida superioridad moral de la democracia americana, la idea de unidad, el destino manifiesto... Pero también se dirigió a su base progresista, con sus alusiones a la lucha por los Derechos Civiles, la redistribución y la seguridad social pública. Llegó a pronunciar palabras que hasta ahora eran un auténtico tabú, como “socialismo”, aún para decir que no pensaba aplicarlo (si bien en una hábil frase lo relacionó con el sueño americano). Prácticamente no habló de su rival, al que incluso se permitió el lujo de elogiar.
El discurso de John McCain, unos minutos después, era en cambio casi una admisión de derrota: Errático, trufado de alusiones personales y de un indisimulado sentimiento de frustración… En lo que podría convertirse ya en su último error escenográfico, McCain golpeó repetidamente la tribuna, haciendo que el micrófono temblase y se le escuchase entrecortadamente.
Mucho más interesante que lo que decían los líderes era cómo respondían sus audiencias. El discurso de Obama estuvo punteado por aplausos y vítores, el de McCain por silbidos y abucheos (cada vez que el senador republicano mencionaba a su rival). Eran dos atmósferas muy distintas, y quizá reveladoras.
Lo veremos. Queda una semana para el mayor experimento en sociología electoral de los últimos cincuenta años.