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La solución Andropov
Miguel A. Murado
Es tentador pensar en Arias Navarro y su desesperado proyecto de un franquismo sin Franco. Pero para entender lo que ha ocurrido en Cuba quizá sea más útil desempolvar la vieja y olvidada ciencia de la kremlinología.
El modelo del castrismo siempre ha sido la URSS de Bresniev, y las decisiones de la Asamblea Nacional cubana son coherentes con esa tradición. Tras la muerte de Bresniev en 1982, la nomenklatura apostó por la gerontocracia. Andropov, de 78 años, fue elegido por su proximidad al antiguo líder y sobre todo porque su edad permitía aplazar los cambios. Intentó una tímida reforma como las que promete Raúl Castro; pero un sistema tan burocrático convierte toda reforma en caos y de las de Andropov sólo una fue bien acogida: bajar el precio del vodka de cuatro rublos a setenta kopeks. Andropov sólo vivió dos años y su sucesor, el también anciano Chernienko, poco más de uno. Sólo por sentido del ridículo, el Partido eligió entonces al joven Gorbachov.
Aparte de este envejecimiento del régimen, conviene no perder de vista el ascenso del ejército. Entre otros, suben Casas Regueiro y Colomé, dos generales muy fieles a Raúl, cuyo dominio han sido siempre las fuerzas armadas. Pero es más que un asunto de lealtad. Colomé domina los servicios secretos desde el “asunto Ochoa” (el general fusilado por narcotráfico) y la telenovela estrella en Cuba, “Operación Carlota”, trata en parte de sus hazañas en Angola. A Casas Regueiro conviene no perderle la pista: como presidente de GAESA, una especie de “holding” militar, controla entre el 70 y el 80% de los beneficios del turismo en Cuba a través de Cubanacán, así muchos otros negocios. Su fortuna personal, la duodécima del país, es la mayor de todos los dirigentes actuales, tras Fidel y Raúl. Le sigue de cerca Colomé, y ambos son rivales de Carlos Lage, la gran esperanza blanca de los reformistas, al cual, por medio de su buena relación con Chávez, intentan disputar el control sobre la energía.
En todo caso, es evidente que aquí ha habido un cambio de opinión. En su carta de renuncia, Fidel hablaba de “una nueva generación”. Está claro no se refería a esto. A última hora le ha entrado el vértigo y ha optado por el inmovilismo. El régimen, pues, ha subido la media de edad. Que con eso haya aumentado su esperanza de vida, eso ya es otra cosa.