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Los militares de Guinea toman el poder que ya disfrutaban
Miguel A. Murado
Hasta los militares golpistas están sorprendidos por la acogida dispensada por la población guineana. Habían previso el clásico toque de queda, pero ayer decidían retrasarlo para que la gente pueda seguir maniféstandse a su favor unos días. Cuánto tiempo durará esa alegría ya es otro asunto.
La alegría, para empezar, no es porque haya habido un golpe sino porque ha habido un cambio, aunque no se sepa hacia dónde. El régimen de Lansana Conte era tan incompetente, corrupto y absurdo que nadie cree que se pueda ir a peor. Pero se puede ir a peor. En el esquema de la corrupción de Conte los militares eran precisamente la pieza clave, y él tuvo siempre buen cuidado de mantenerles muy bien pagados y hacerles partícipes del latrocinio generalizado de su gobierno. Este ejército es el mismo que hace poco más de un año estuvo encantado de reprimir una protesta sindical con tal violencia que en pocos días mató a cerca de doscientos manifestantes desarmados.
El hecho de que el nuevo presidente autoproclamado sea un simple capitán podría ser una buena señal si no fuera porque existen sospechas de que no se trataría más que de un hombre de paja. Se dice incluso que fue elegido echándolo a suertes en un cuartel de Conakry. De momento, de los 32 ministros que ha nombrado, sólo seis son civiles y la conocida cantinela de que “se celebrarán elecciones una vez que el país esté preparado” ya da una idea de que no hay que hacerse ilusiones.
De momento, bastaría con que no haya disensiones en el ejército, como se rumorea Sería catastrófico porque, casi con toda seguridad, esto derivaría en seguida en un conflicto étnico entre los dos grupos mayoritarios, los peul y los malinke, a los que Conte tenía apartados del poder (él pertenecía la pequeña etnia susu). Que el gobierno se haya rendido a los militares no es mala cosa, al fin y al cabo no era democrático, y eso resta tensión a la crisis. Pero ni siquiera hacen falta los guineanos para hacer estallar el conflicto en su país. Guinea-Conakry está rodeada de países inestables, agresivos o las dos cosas (Liberia, Sierra Leona, Senenal, Mali), y cualquier incidente fronterizo puede volver a incendiar esta región altamente inflamable. En cuanto a la comunidad internacional, ya perdió su credibilidad en la región cuando dio el visto bueno al reciente golpe en Mauritania (España, en cabeza, por cierto). Los guineanos están solos. Solos y a la vez mal acompañados.