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Mojar los labios de Gaza
Miguel A. Murado
A última hora, Israel rectificaba y permitía la entrada “de fuel y material hospitalario” en Gaza, a la vista del escándalo internacional ante este castigo colectivo. Está bien, sobre todo porque unas horas antes Ari Mekel, portavoz de Exteriores israelí, decía que lo de la catástrofe humanitaria en Gaza era “una farsa” y que los gazatíes nadaban en la abundancia. El propio primer ministro, Ehud Olmert, había comentado que no era verdad que les estuviesen matando de hambre, sino tan sólo “haciéndoles la vida un poco incómoda”.
Incómoda sí que lo es. Por ejemplo, ayer ya no había apenas pan ni leche en Gaza, lo cual es bastante incómodo, sobre todo para los niños. Casi no quedaba combustible, y el domingo cerró la única central eléctrica. También los enfermos empiezan a sentir una cierta incomodidad, a medida que se apagan los generadores que mantienen en funcionamiento los escuálidos hospitales. Es una incomodidad ésta que se añade a la ya mencionada escasez de medicamentos. Incluso faltan gasas, y eso que la gasa se llama así por Gaza, el puerto donde se embarcaba en la Edad Media este tejido hacia Europa. Se calculaba que hoy dejarían de funcionar también las bombas de agua. Por no haber, ni siquiera hay cemento, y los sepultureros hacen las tumbas con azulejos arrancados de los cuartos de baño. Hasta la muerte es incómoda en Gaza.
Y lo curioso es que todo el mundo tiene la impresión de haber leído hace un par de años que Israel se había “retirado” de Gaza. La explicación a este misterio es que, más que retirarse, digamos que se ha puesto alrededor. La marina israelí bloquea la costa y el ejército las fronteras terrestres. La única vía que permitiría a los palestinos recibir ayuda, el paso de Rafah con Egipto, está bajo la supuesta autoridad de la Unión Europea (esos somos nosotros). Pero la UE está de acuerdo en castigar a los gazatíes, porque votaron por un partido fundamentalista en las elecciones. Cierto que los israelíes también votan partidos fundamentalistas (UTJ, Shas), neo-fascistas (Partido Nacional Religioso), o segregacionistas raciales (Likud, Kadima). Pero esto no tiene por qué repercutir en su dieta alimenticia, en opinión de Javier Solana, quien siempre que va a Jerusalén cena en el Hotel Rey David. Al contrario, la UE mantiene un generoso acuerdo comercial con Israel, gracias al cual podemos disfrutar de los productos ilegales que se fabrican ilegalmente en los asentamientos ilegales de Cisjordania.
En fin. Al menos mañana entrará algo de gasolina en Gaza. Hay que felicitarse. Eso sí, “será puntual”, ya han advertido los israelíes. Como mojar los labios de un infeliz que agoniza de sed…