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Para unos una victoria política, para otros un simple alivio
Miguel A. Murado
No hay nada novedoso en el hecho de que Hamas ofrezca una tregua a Israel. Lleva años haciéndolo, y, al margen de lo criticable que haya en esta organización, Hamas ha demostrado ser más disciplinada a la hora de cumplir sus promesas de alto el fuego que otras facciones palestinas o que el ejército israelí. De hecho, Hamas abandonó completamente los atentados suicidas hace ya cuatro años y se encuentra en un estado de tregua permanente desde que ganó las elecciones legislativas. En su reciente visita a la zona, el ex presidente norteamericano Jimmy Carter ya declaró públicamente que era Israel, y no Hamas, quien rechazaba un alto el fuego. ¿Por qué lo acepta ahora?
Ante todo, porque el gobierno israelí se encuentra hundido en una crisis que llamar “profunda” sería quedarse muy corto. Su primer ministro, Ehud Olmert, debe responder por tres cargos diferentes por corrupción, su presidente es el impopular Shimon Peres (sustituye del anterior presidente acusado de violación y fraude) y su ministro de Defensa es el casi tan impopular Ehud Barak, el hombre que destruyó el proceso de Oslo y desencadenó la Segunda Intifada palestina. Con los índices de confianza pública más bajos en la historia del país y en la seguridad de que unas elecciones anticipadas devolverían al poder al Likud de Binyamin Netanyahu, la coalición gubernamental trata de mantenerse a flote valiéndose de los dos únicos recursos que le quedan: una insistente campaña internacional de prensa para mejorar su imagen y un esfuerzo por apagar los fuegos que el propio gobierno encendió el año pasado. Esto es: un inminente acuerdo con Hezbolá en el Líbano para intercambiar prisioneros (es secreto, pero posiblemente se desvelará en diez días), una negociación (poco seria) con Siria y, por último, este acuerdo con Hamas, con quien había acordado no llegar a acuerdos.
Hamas también necesita desesperadamente la tregua, pero no le será fácil mantenerla. Quienes lanzan cohetes “Qassam” desde la Franja de Gaza no son sus operativos, sino los de la Yihad Islámica o Fatah. Por eso Hamas ha abierto una línea de negociación paralela con sus rivales en el campo palestino. El bloqueo ha incrementado mucho el prestigio de Hamas (ahora está en el 62%) y podrá presentar la tregua como otra victoria política. Para la pauperizada población de Gaza, en cambio, será algo mucho más modesto: un simple respiro.