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Primarias: Carrera abierta

Miguel A. Murado

El candidato más alto ganó veinte de las veinticuatro elecciones norteamericanas entre 1908 y 1996, y trece de los poco más de cuarenta presidentes de los Estados Unidos han estado emparentados entre sí, directa o indirectamente… En principio, pocas elecciones hay más predecibles que las americanas. Sin embargo, nos habían prometido que estas de 2008 iban a ser las más abiertas en muchos años, y así es: en el campo demócrata hay dos favoritos, en el republicano ninguno.

Los primeros resultados no ofrecen todavía un ganador, pero sí un perdedor: las encuestas, y hasta esto es dudoso. Con toda la tinta que se ha empleado en analizar el “caucus” de Iowa y la primaria de New Hampshire, pocos han recordado a sus lectores que estos dos estados suponen menos del 1% de los votos para la presidencia. Iowa, un Estado rural y conservador en el que se vota a mano alzada, y New Hampshire, donde la afiliación es de las más bajas del país, no podrían ser menos representativos.

El día crucial es el 5 de febrero, el “supermartes” en el que vota una veintena de Estados, incluidos los más importantes. Ese día suele dirimir la cuestión, pero en el campo demócrata podría no ser así. Hillary Clinton y Barack Obama están demasiado empatados. Hillary cuenta con una maquinaria electoral más engrasada y el refuerzo de su marido (no es cierto que en estas elecciones no participe ningún presidente: está Bill Clinton). Pero se trata de una maquinaria que recoge votos, no entusiasmos. Hillary resulta fría, conservadora, y, salvo su sexo y que no es Bush, nadie sabe lo que la diferencia de Bush. Obama, por el contrario, tiene una oratoria brillante pero una base partidaria débil y la excesiva dependencia de su imagen personal puede costarle cara al primer error que cometa. La imagen de Hillary, por el contrario, sólo puede mejorar…

Es entre los republicanos donde parece que las primarias podrían resolverse antes, lo que les otorgaría una ventaja de cara a las presidenciales. Pasado mañana se vota en Illinois, el Estado de Mitt Romney. Si pierde (como indican las encuestas) podría retirarse, danto lugar a otra rareza: las primeras elecciones en décadas en la que no participa un multimillonario. Sus votantes pasarían, quizá, a los candidatos moderados del partido, McCain y Giuliani. Sobre todo al primero, si gana en Michigan, lo que le convertiría en favorito (aunque está por ver). En ese caso, Giuliani, que lo ha apostado todo a las primarias de Florida y no está apenas haciendo campaña, llegaría al “supermartes” sin el impulso suficiente. Del reverendo Huckabee se espera que obtenga buenos resultados en Carolina del Sur, un Estado conservador y religioso, pero su condición de pastor evangélico tendría, en teoría, que pasarle factura el 5 de febrero, cuando votan grandes Estados laicos como California o Nueva York, en los que los republicanos saben que un profeta bíblico no puede ganar ni a Clinton ni a Obama.

Y es que las primarias tienen ese complicado giro: el votante se encuentra dividido entre el candidato que realmente prefiere y aquél que cree que puede ganar más fácilmente al campo contrario. En el caso de los republicanos, por ejemplo, existía incialmente el convencimiento de que Giuliani ganaría a cualquier demócrata. Su imagen de héroe del 11-S (en gran medida falsa) y su reputación de “duro” pero no excesivamente conservador en cuestiones sociales, compensaban su mala salud. Pero Giuliani no ha conseguido recaudar lo suficiente para hacer las primarias completas y ayer se rumoreaba que sus colaboradores trabajan ya sin cobrar. El dinero se encuentra esta vez, decididamente, en el campo demócrata y, sorprendentemente, es Obama, el candidato de aspecto más “outsider”, quien más tiene.

Gane quien gane, en todo caso, será un presidente diferente: el primer hombre de raza no blanca, la primera mujer, el primer italiano, el primer presidente americano que ha sido torturado (McCain, en Vietnam)… Al menos, de algo sí podemos estar seguros.



Miguel A. Murado
Internacional : La Voz de Galicia

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