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Referendun en Venezuela: todos estaban equivocados
Miguel A. Murado
Todos estaban equivocados: Chávez, al creer que tenía al pueblo venezolano en el bolsillo y la posición anti-chavista al creerle a él ya un dictador. Perder un referéndum es un trago amargo para cualquier presidente, pero, paradójicamente, tiene algo de honorable: es una garantía de limpieza, al menos en el proceso electoral, lo que no es poco. Más aún cuando la diferencia, de no más de un 1% hubiese hecho tan fácil la manipulación…
Es esta paradoja la que hace difícil interpretar políticamente el resultado del referéndum del domingo en términos absolutos, de victoria o derrota. Evidentemente, es más que una ducha de agua fría para Chávez, que tendrá que frenar muchas de sus reformas y olvidarse para siempre de aquéllas otras que le habrían dado poderes casi absolutos. Por otra parte, en cambio, su figura se va a ver relativamente reforzada internacionalmente. Si hasta ahora el dirigente populista había basado su legitimidad en sus sucesivas victorias, también puede utilizar ahora esta derrota para seguir legitimándola de otra manera.
El triunfo de la oposición es también relativo. Es evidente que no han sido los partidos tradicionales quienes han descabalgado la segunda Constitución chavista, sino los propios chavistas, que se han abstenido en gran número (probablemente, son la mayor parte del 40% de incomparecientes). Muchos incluso han votado en contra de las reformas. No han sido las movilizaciones de los partidos de oposición quienes han centrado la campaña por el “No”, sino las de los estudiantes, entre los que hay elementos muy heterogéneos, tanto de derecha como de izquierda. Y tampoco hay que olvidar el papel que puedan haber jugado los gobernadores provinciales y los alcaldes, en su mayoría fieles al presidente pero muy poco entusiastas de las reformas que preveían una re-estructuración del poder local.
El “No” ha sido, pues, un “No” muy afinado, un “No” a las reformas que proponía Chávez, pero no un “No” al propio Chávez que, es importante recordarlo, ganó las elecciones hace un año con más del 60% de los votos. Quizá los votantes le eligieron entonces por falta de una alternativa creíble, pero ahora han rechazado la alternativa a sí mismo que les ofrecía Chávez. El pueblo venezolano ha demostrado de esta forma una madurez política muy superior a la que le suponían la mayor parte de los analistas, y mayor sin duda de la que le sospechaban tanto gobierno como oposición…
Pero sería ingenuo creer que a partir de esta doble lección que han recibido unos y otros todo vaya a ir necesariamente mejor. Chávez, como comprueba Don Juan Carlos casi a diario, no es persona que se apee fácilmente de su discurso. Sigue siendo el presidente de Venezuela, y seguirá siéndolo hasta el 2013. Las “leyes habilitantes” que votó el parlamento el año pasado le permiten gobernar por decreto en muchos terrenos clave. Las palabras con las que intentó consolar a sus seguidores, “No hemos podido… por ahora” son las mismas que pronunció después de fallido golpe de Estado de 1992. La tentación de una huída hacia adelante, de pasar de contrabando parte de su proyecto en el parlamento que domina, va a ser muy fuerte; aunque la reforma crucial, la que le confería la capacidad de ser reelegido indefinidamente y ampliar los mandatos presidenciales, ha sido tan sonoramente contestada que no le resultará fácil intentarla de nuevo. En esto Venezuela ha votado también contra su sobrevalorado héroe Bolívar, cuya primera decisión tras liberar el país fue proclamarse “presidente vitalicio”.
También la oposición tendrá que resistir sus propias tentaciones, sobre todo la de creer que este resultado deslegitima a Chávez o anuncia su declive. No parece que sea el caso (ese declive depende más del barril de petróleo que del voto). Chávez está obligado ahora a replantearse su política, pero también la oposición tiene mucho que reflexionar acerca de este resultado que le ofrece, igual que a aquél, la oportunidad de cambiar y contar más con un pueblo que todos invocan pero que, por lo visto, tiene su propia opinión acerca de su futuro.