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UNA CRISIS AUTÉNTICAMENTE BOLIVARIANA
Miguel A. Murado
Chávez miró su reloj y dio 72 horas al embajador norteamericano para dejar Venezuela. Pero el embajador hacía ya más de una semana que estaba en Estados Unidos y a Chávez acaban de informarle que era su embajador en Washington quien iba a ser expulsado de manera inminente a causa de un par de escándalos relacionados con Venezuela. Uno de esos escándalos es dudoso (lo ha lanzado el FBI) y relaciona al círculo interno de Chávez con las FARC; el otro es la financiación clandestina de la campaña de Cristina Kirchner por parte del gobierno Caracas a través de Miami. Así pues, lo de Chávez fue una especie de “incidente diplomático preventivo”.
No es que Chávez no sea solidario con Morales. Lo ha sido incluso demasiado, apropiándose una vez más de una crisis ajena. Al anunciar que podría intervenir militarmente en Bolivia ha puesto en tensión a los peligrosos militares bolivianos. No le ha hecho ningún favor a Evo, quien intenta forjar una alianza con ellos frente al independentismo de las provincias autónomas. Se mueve en un terreno peligroso: los militares pueden convertirle en un títere o incluso darle un golpe de Estado si fracasa.
Lo cual a su vez afecta a Brasil y Argentina… Esta crisis es como los Andes: atraviesa todo el subcontinente, una crisis verdaderamente “bolivariana”. Brasil necesita el gas boliviano, cuyos oleoductos son saboteados por las facciones enfrentadas en Bolivia. Argentina lo necesita aún más e, incluso sin sabotajes, Bolivia le está ahora mismo bombeando sólo 2 millones de metros cúbicos de gas en vez de los 7,7 prometidos en su acuerdo comercial. Todo esto explica la compleja relación que se está tejiendo entre todos los países implicados y las diferencias entre chavistas, proto-chavistas y post-chavistas. En todo caso, Chávez ha conseguido realmente que todo gire entorno a él, y que un país tradicionalmente tan dependiente de Washington como Honduras haya decidido no acreditar al nuevo embajador norteamericano en solidaridad con él lo demuestra de sobra.
Pero ¿puede Chávez permitirse un arranque escatológico contra Estados Unidos como el del jueves? Venezuela ha intentado diversificar sus exportaciones, pero su petróleo sigue comprándolo sobre todo Washington y las maniobras conjuntas ruso-venezolanas en el Caribe no equivalen a una alianza militar. Con el PIB reducido a la mitad en tres años y unas elecciones municipales difíciles a la vuelta de la esquina se comprende que muchos analistas quieran racionalizar el discurso de Chávez del jueves como un hábil guiño populista. Más lógico sería pensar, en cambio, que se le calentó la boca. No es la primera vez.