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UN NUEVO BACHE EN LA AUTOPISTA DE KABUL
Miguel A. Murado
La Autopista Número Uno era el gran símbolo de la reconstrucción de Afganistán. Su asfalto tenía que ser una especie de pátina de modernidad en un país que sólo conocía los baches, baches de todos tipos. Pero hoy es la A-1 la que está bacheada, y no precisamente por el uso sino por las minas colocadas para volar los convoyes militares extranjeros. Hasta ayer había al menos un socavón cada cuatro kilómetros, y ahora hay uno más: el lugar en el que han muerto los diez soldados franceses.
Un vistazo al mapa revela la gravedad de la situación. El área del ataque, Surabi, está prácticamente en el distrito de Kabul. No hablamos ya de la lejana provincia de Hellmand. Además, el combate duró veinticuatro horas, y todavía continuaba ayer por la noche, lo que lo convierte en mucho más que una simple “emboscada”. Los franceses recibieron abundante apoyo aéreo, y aún así los talibanes han conseguido matar a diez paracaidistas de Infantería de Marina del Octavo de Castres, una de las mejores unidades del ejército francés, y han herido a otros veinte. Si a esto sumamos que los tres últimos meses registran el record de esta clase de ataques de carretera y que, en lo que va del año, Kabul ya ha sufrido un 35% más de atentados que en el mismo período del año anterior se entiende que estamos ante una gran ofensiva. El mapa de seguridad de la ONU, que en el 2005 sólo marcaba “alto riesgo” en las regiones de Kandahar y Hellmand, ahora advierte de “riesgo extremo” en casi la mitad del país.
Al mismo tiempo, la caída del general Musharraf en Pakistán ha abierto una nueva incógnita. De momento, digamos que el actual gobierno pakistaní está controlado por Nawar Sharif, un discípulo del pensador islamista Mawdudi. En su anterior etapa al frente del país, Sharif favoreció a los talibanes y si el autoritario Musharraf no hacía nada, el electo Sharif podría hacer lo que la OTAN no quiere.
En cuanto a Francia, con dos tercios de la opinión pública contra la presencia gala en Afganistán no es extraño que Sarkozy haya corrido a Kabul a pronunciar uno de sus discursos. Poco importará. El hecho es que Afganistán está ahora mismo completamente fuera de control. El bache se agranda.