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Bush, Baudrillard y el pavo
Miguel Murado
HABLABA ayer Badurillard en el Círculo de Bellas Artes de Madrid sobre la realidad y el simulacro, y mientras, en Washington, como ilustrando con un ejemplo sus palabras, se desarrollaba la ceremonia del "Pavo presidencial", quizás uno de los simulacros más simulacros del imaginario político americano.
Los que sigan esta columna desde hace tiempo sabrán de lo que se trata, porque ya hemos hablado aquí del "pavo presidencial" más de una vez: Todos los años, al acercarse el día de Acción de Gracias, el presidente electo de los Estados Unidos indulta a dos pavos, también electos, que se libran así de acabar en la enorme olla de la Casa Blanca.
Pienso que Samaniego era más perspicaz que Saramago, y que los mejores sociólogos son Iriarte y Perrault, porque la vida no es sino una fábula de Esopo donde los animales son metáforas perfectas de los comportamientos de las personas (y bastantes personas hay también que se comportan como animales, metafóricamente o no). Este es, para mí, el interés de este ritual del pavo, que es al mismo tiempo una exaltación de las decisiones del presidente y una parodia de las mismas: Bush indulta a estos dos pavos a los que se muestra profusamente en la televisión mirando asustados para Dick Cheney, y luego se va a su casa y cena otro pavo del que nada se sabe ni se sabrá.
Simulacro también, los pavos indultados no tienen mejor destino. Van a parar todos a una granja estatal que, por ironía o casualidad, se llama "Granja Sartén" (Frying Pan Farm), donde los dejan morir de hambre. En inglés existe el dicho "salir de la sartén para caer en el fuego" refiriéndose a ir de mal en peor. Pues esto es, diríamos, "salir del fuego para caer en la sartén", en la granja Sartén, ese Guntánamo de los pavos.
O así era hasta ahora, porque la noticia de este año es que "Yam" y "Marshmallow" (que es como se llaman las dos aves del 2005) no tendrán que ir allá. Después de las protestas de las protectoras de animales el presidente Bush decidió que este año los pavos irán "al mejor sitio que se pueda imaginar". Se refiere a Disneylandia.
Quizás tenga razón: Disneylandia, el lugar donde reinan los ratones, los patos y los perros antropomorfos, el lugar del simulacro por execelencia, diría Baudrillard. Lo curioso es que los defensores de los animales también están conformes, y dicen que allí los pavos "disfrutarán tanto de estímulos mentales como físicos". Tristemente, puede que también ellos sean un simulacro, una parodia, del activismo por los derechos humanos.