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Chad: mejor no hablar demasiado
Miguel-Anxo Murado
AHORA QUE el comandante del avión del Chad está ya en su casa y el asunto ha terminado bien, es un buen momento para la sinceridad. Era culpable. Así de claro. Por lo menos, su detención estaba perfectamente justificada, y presentarle ante un tribunal no era ningún abuso sino una obligación de las autoridades del Chad.
El comandante de un avión no es un taxista que no tiene responsabilidad alguna si en el asiento de atrás viaja un terrorista. El piloto de un avión de pasajeros ostenta un poder legal considerable, como el capitán de barco que puede casar novios y hacer arrestar polizones. Las aeronaves, como los barcos y las embajadas, disfrutan de un cierto grado de extraterritorialidad, lo que obliga al comandante a tener aún mayor cuidado a la hora de aceptar una carga. Sin tener tanto poder, cuántos camioneros no hay en las cárceles españolas en prisión preventiva porque les encontraron droga en el trailer…
Sí, está claro que los tripulantes no sabían que estaban participando en un delito grave, y de ser juzgados deberían de ser absueltos. Pero tratar el asunto de “secuestro”, como se hizo abundantemente en la prensa española y francesa durante estos días, es hipócrita. Estamos a todas horas parloteando indignados acerca de los “traficantes de peronas”, de las mafias, de la trata de blancas… Pero es sólo cuando los sospechosos resultan ser de los nuestros cuando de repente las leyes nos parecen demasiado duras. Lo son, pero lo son siempre. Tampoco faltó estos días quien nos recordase que el Chad es uno de los países más corruptos del mundo, y lo es. Pero eso no hace menos delito lo que intentaba esta ONG, sinó quizá más. Participar en esa corrupción, alimentarla, sacar provecho de ella y luego tratarla con desprecio es una actitud más inspirada por el racismo que por el amor a la democracia. Y no quiero ya ni pensar cómo habríamos reaccionado si los niños fuesen españoles y franceses y los secuestradores chadianos…
Sí, Chad es uno de los países más corruptos del mundo y su sistema judicial es lamentable. Pero no es por eso por lo que detuvieron al comandante español y a su tripulación. Esa es más bien la razón por la que los soltaron sin pasar por un proceso judicial. Así que felicitémonos, porque a nadie se le puede desear un mal trago así. Pero esos políticos y ciudadanos que se pasan el día pidiendo cumplimientos íntegros de penas, cierres de fronteras y más dureza en los castigos, harían mejor en callarse durante unos días…