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Políticos y codornices
Miguel A. Murado
YA LO advirtió el presidente Bush hace poco. La Casa Blanca se va a volver más agresiva en sus politicas. Y ya se ve que sí. Por ejemplo, el vicepresidente Cheney acaba de arrearle un tiro a un tipo en una cacería. Queda claro lo del endurecimiento. Lo que no esperábamos era que los propios altos cargos de la Casa Blanca tuviesen que dar ejemplo ni que Cheney se fuese a convertir en el primer vicepresidente norteamericano en disparar contra alguien desde que el vicepresidente Burr mató en duelo al secretario del Tesoro Hamilton hace cien años.
Afortunadamente, Cheney ten peor puntería que Burr y el hombre sólo está herido. Además, en principio todo apunta (mejor sería cambiar este verbo) a un accidente más que a un atentado. Lo que pasó es que el vicepresidnete andaba a las codornices en Texas y, según la versión oficial, otro cazador (un tal Whittington) se fue a meter entre el duro Cheney y su presa, algo que no se debe hacer nunca. Sobre todo tratándose de Cheney. El resultado es que Whittington recibió un disparo, para horror del séquito vicepresidencial y, supongo yo, alborozo de las codornices.
Vale. Está claro que no hubo intención criminal en este caso porque Whittington es un importante patrocinador de las campañas políticas de Cheney (otra cosa es lo que vaya a votar en las próximas elecciones). Pero lo que me interesa del asunto es el razonamiento exculpatorio de Cheney, y que es pura metáfora política. Los cazadores que conozco me dicen que cuando hieres a alguien, la culpa es siempre tuya, porque tienes la responsabilidad de asegurarte que no le vas a dar a nadie (excluida la codorniz, bien se entiende). Sin embargo Cheney, coherente con su idea de que los inocentes están siempre mal colocados cuando se bombardea un país, y que eso es culpa de ellos, se guiía aquí por el mismo principio. Y por cierto que con similares resultados, porque la codorniz voló, seguramente camino del lugar donde se encuentra Bin Laden, y el inocente Whittington, en cambio, ha acabado en la UCI, donde dicen que está “fuera de peligro”, no se sabe si refiriéndose a su condición médica o al hecho de que Cheney está ya a cientos de kilómetros en Washington.
En definitiva, que Cheney, que siempre se ha confesado partidario del “disparar primero y preguntar después”, y de la pena de muerte y de la libre disposición de armas, parece que ha logrado aquí, sin duda inconscientemente, juntar esas tres cosas en su vida privada. Una vida privada que, por lo que ve, tan parecida es a su vida pública.