Miguel Murado
Miguel-Anxo Murado
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Cine y milagro

LES MENCIONABA hace algún tiempo el caso de aquel asesino, quien, conmovido tras un visionado de la película de Mel Gibson sobre la Pasión de Cristo, se había entregado a la policía y confesado su crimen. Este confeso, que yo describía como un moderno San Dimas, había estrangulado a su novia pero, un tanto sorprendentemente, había logrado hacer pasar el crimen por un suicidio (lo que, por cierto, no dice mucho del talento de la policía de Tejas, que fue donde sucedieron los hechos). Como digo, yo les contaba esta historia al hablar de la película de Gibson, razonando de paso que, con estos sucesos prodigiosos, la película se estaba convirtiendo en una inopinada reliquia de la Semana Santa, capaz de obrar milagros como la conversión y la confesión de este tejano pecador.

Por eso tengo ahora que rectificar, porque leo en la prensa que aquel hombre acaba de ir a juicio por su crimen. Y para sorpresa mía, y supongo que de Gibson (pero no de Dios, que ya debía sospecharse algo) va el tipo y se declara inocente. En fin. Así que este elemento, que yo les había presentado como un San Dimas (el buen ladrón que confesó para salvarse, después de ver la Crucifixión) resultó ser en realidad un San Pedro (que negó, después de haber afirmado, hasta un total de tres veces).

Los milagros son así. Como decía Eduardo Haro, son incomprensiblemente incompletos (Lázaro resucitó, pero luego murió de viejo, como todo el mundo; la Virgen desvió la bala que iba a matar a Juan Pablo II, pero le deshizo el hígado). Este también sería un milagro incompleto: el hombre se arrepintió, pero no de manera definitiva. Gibson no obró el prodigio. Y aún por encima, la noticia de este fiasco de lo que podría haber sido el primer milagro reconocido de un actor de Hollywood viene a coincidir con otra que dice que la película cae en picado en las taquillas. Así que Mel Gibson parece que no sólo empieza a fallar en lo divino sinó también en lo humano.

Son las limitaciones del cine como vehículo de piedad. Después de todo, no es lo mismo un acto de contricción por el Noveno Mandamiento que por el Séptimo Arte. ¿Quién sabe?, a lo mejor (y esta teoría) el asesino se arrepintió viendo La Pasión pero luego cambió de idea viendo Testigo de cargo, por ejemplo, donde un culpable finje ser inocente. Es lo que tiene el cine, que a diferencia de la moral y de la Religión, predica cosas muy distintas de cada vez.

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