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El egoismo de la solidaridad
Miguel-Anxo Murado
EL BOICOT es una curiosa arma de la política internacional: se caracteriza porque nunca sirvió absolutamente para nada e incluso resultó contraproducente en casi todos los casos conocidos. El boicot a Cuba radicalizó a Castro, el embargo a Iraq fortaleció a Sadam Hussein, y el actual embargo contra Gaza tan solo añade miseria a la injusticia que ya padecían los gastáis. Pero esto nunca desanimó a los proponentes de la técnica del boicot, y ahí tenemos dos más en marcha: uno contra Irán, por querer armas nucleares como las de los países que se oponen a los que las tienen; el otro contra China, porque celebrar una olimpiada que le encargaron los mismos países que ahora se dan cuenta de que es una dictadura. Tuvo gracia Samaranch diciendo que el boicot sería injusto con los deportistas. Eso puedo decirlo yo, o usted. Pero él, que fue uno de los decidió darle los juegos a China, lo que debería es dimitir. Pero eso es imposible en el Comité Olímpico, en el que, como sucedía con los habitantes del monte griego Olimpo del que toma el nombre, los cargos se ejercen de forma eterna.
En cuanto a Reporteros sin Fronteras, la organización que encabeza el movimiento internacional por el boicot ¿qué decir? Cuando nació velaba por la seguridad de los periodistas en el mundo, lo que estaba muy bien. Pero de repente, no se sabe por qué, le dio por querer crear de paso un mundo perfecto. Buena suerte, pero esto nada tiene que ver con el periodismo, que aspira, digo aspira, tan sólo a contar la realidad del modo más objetivo posible. Un periodista no puede nunca fabricar una noticia, como hicieron estos tipos en Grecia. Comportándose así, Reporteros sin Fronteras pone en peligro a esos mismos periodistas a los que decía defender, porque la supervivencia del periodista en zonas de riesgo depende de que se mantenga clara esa diferencia entre el periodismo y el activismo.
Y volviendo al boicot, no cabe duda de que, de tener éxito, este haría que China perdiese muchos cuartos. Cómo serviría esto para dar más libertad a los chinos está menos claro. Pero para quienes nos piden que secundemos el boicot eso no importa: lo importante, dicen, es el gesto; lo que también está muy bien cuando uno es un deportista y lleva años preparándose para el evento. Es el clásico ejemplo de “egoísmo de la solidariedad”: exigir sacrificios a otros, aún sabiendo que son inútiles, solo para sentirse mejor con la propia conciencia. Como manera de pensar a mí me parece bastante semejante a la de los oligarcas chinos…