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El voto del Más Allá
Miguel Murado
“AND DEATH shall have no dominion” escribió Dylan Thomas, a quien ayer oí calificar de “irlandés” (en realidad era bastante galés). “Y la muerte no tendrá ningún poder” es la traducción aproximada del verso. Evidentemente, Thomas no se refería a Galicia porque, como demostraba el martes La Voz, aunque sería exagerado decir que aquí manda la muerte, sí que por lo menos tiene voz y voto. Sobre todo voto, como el de Doña Hermesinda Dapia Feijoo, que logró ejercer su derecho de sufragio el lunes en Buenos Aires no obstante haber fallecido el año anterior.
Nada raro aquí. Si acaso, lo único extraño es que Doña Hermesinda haya votado en blanco, lo que es infrecuente en la sociología electoral del difunto gallego. Todos sabemos que el Más Allá es mayoritariamente del PP. En un artículo reciente nos ocupábamos de la cuestión de por qué, según las estadísticas, la mayor parte de los bebés nacen del Bloque. Pues bien, también haría falta reflexionar sobre por qué hay tan pocos difuntos de la oposición. Se diría que el difunto es conservador por naturaleza, por lo menos el difunto que vota.
Comprensiblemente, a la oposición no le hace ninguna gracia esta bolsa de votos que tiene Fraga en la ultratumba. Decían los antiguos que la muerte era “la gran igualadora”, pero en el caso de las elecciones gallegas más bien parece que podría ser la que rompiese el empate técnico entre titular y aspirantes. Puede llegar a pasar lo que pasó, por ejemplo, en el Estado de Nuevo México durante las elecciones presidenciales americanas, donde todo se dirimió por 6.000 votos para saberse luego que por lo menos 5.000 habían sido de fallecidos. Fraga, piensan sus adversarios, podría volver al poder así, como Aragorn en El Señor de los Anillos, al frente de un ejército de difuntos.
Muchos, y no sólo en la oposición, piensan que esto no puede ser, pero no se ve clara la solución. Si no se le puede quitar el voto al biznieto de un paragüero de Ourense que vive y trabaja en Uruguay, difícilmente se le va a poder quitar al paragüero mismo, aunque esté ya afilando en el Purgatorio. Se me ocurre que, si acaso, se podría remediar la injusticia al revés, ampliando el censo para que puedan votar todos los difuntos, y no sólo algunos, como sucede ahora; y ver lo que sale. A lo mejor nos llevamos alguna sorpresa. Porque antes dijimos que el difunto es conservador, pero también es cierto que desde allí arriba se ve todo.