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Existencialismo
EXISTENCIALISMO
Miguel A. Murado
Iba en el coche, esta Semana Santa pasada, cuando una muchacha misteriosa me paró en medio de la carretera para preguntarme si creía que iba a morir. En los cuentos populares muchas veces aparece este personaje que hace preguntas así y que en ocasiones es la misma muerte disfrazada. Pero en este caso no era la muerte sino otra clase de funcionario público: una empleada de la Dirección General de Tráfico que hacía una encuesta.
Yo había pensado que era el comienzo de una fábula antigua, y resulta que era el comienzo de la fábula moderna de la publicidad. En concreto, se trataba de una nueva campaña de la DGT que pretende por este medio hacernos reflexionar sobre la inminencia de la muerte y la fragilidad de la existencia y así ser más prudentes en la carretera. Después de haberlo probado casi todo, desde la persuasión amabla a la recriminación agresiva, desde el paternalismo a la amenaza, ahora la DGT recurre, pues, a un arma inesperada: el Existencialismo.Ya que la Guardia Civil no consigue meternos el medo en el cuerpo, pensarán, a ver si lo logran Sartre y Camús, por poner el ejemplo de dos apóstoles del pesimismo existencial.
Pero a algunos nos pasa que de Sartre y de Camus ya sólo nos queda el escepticismo, y yo no sé, francamente, si la Filosofía triunfará donde fracasa la Policía o si la Angustia Vital será un buen substituto de la Seguridad Vial. Creo que estas campañas de la DGT predican a los conversos, asustan a los que ya temen, y la prueba es que, contra lo que a veces se dice, no está demostrado que tengan apenas efecto. El imprudente, el temerario, son imprudentes y temerarios por naturaleza y no por ignorancia y aunque es cierto que el miedo protege (para eso lo inventó la Naturaleza)el terror excesivo quizás sea tan peligroso como la excesiva confianza. Dudo, en fin, que si en este país barroco en el que todos los barrios pasean Cristos enclavados durante la Semana Santa y el problema esté en que no tenemos a la muerte suficientemente presente. Alguna otra explicación habrá de ahber, y a lo mejor sería mos nosotors los que deberíamos parar a la DGT en medio de la carretera y hacerle algunas preguntas incómodas. Pero, con todo y por las dudas, respondí disciplinadamente a la chica.
“Yo creo que no voy a morir” dije, “porque voy a apartar aquí mismo. ¿Y usted?”.
Y entonces, para mi sorpresa, la chica palideció. Seguramente, como casi todos los vendedores de certezas, pensaba que lo que predicaba sólo se refería a los demás.