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La mujer del juez
Miguel A. Murado
DIE FRAU des Richters, “La mujer del juez”, el libro que escribió a principios del XX el gran escritor austríaco Schnitzler, tenía un narrador anónimo. En cambio, La soledad del juzgador, el libro que acaba de publicarse ahora sobre el juez del 11-M, Gómez Bermúdez, no es anónimo en absoluto. Está escrito por Elisa Beni, que resulta ser, ella sí, la mujer del juez, la de verdad, que además es periodista. Y no sólo periodista: trabaja en el departamento de prensa de la propia Audiencia Nacional… Si existe el incesto profesional, aquí tenemos un caso que, como pide el Pentateuco para el incesto, merece la lapidación.
Vanitas, vanitatis, decía San Felipe Neri (por seguir con la citas). Pero el santo de la humildad se quedó corto diciéndolo dos veces. No conoció la judicatura española, donde estamos viendo que se da una de las mayores concentraciones de vanidad del mundo. Los jueces de la Audiencia Nacional (esa venerable institución franquista que quizás habrá que quitar con las estatuas del dictador) desfilan como si estuviesen en la Pasarela Cibeles. Garzón, Gómez de Liaño, Gómez Bermúdez, Grande Marlaska… Sus nombres son casi tan conocidos como los de los futbolistas y a este paso no van a ser mucho más respetados. Gómez Bermúdez ya se parecía físicamente a Ronaldo, e a este juzgador-jugador en seguida le veremos organizando fiestas con modelos y llegando tarde a las concentralciones, o lo que sea que hagan los jueces en vísperas a condenar a algún tipo a galeras o lo que sea.
Pero, ¿cómo se le ocurre a Gómez Bermúdez inspirar o permitir que su mujer le escriba un libro? Ya hay protestas de los compañeros y las víctimas, y no me extraña ¿No le parecía que ya había suficientes sentimientos con los que lidiar en su sentencia como para todavía meter por medio su ego? Del ego de la tal mujer del juez ya no digo nada. Si el juez demuestra tener, precisamente, muy poco juicio, la redactora demuestra tener, precisamente, bastante mala redacción. El libro está tan mal escrito que en la primera lectura me quedé, por ejemplo, con la impresión de que a quien juzgaban en el 11-M era a Gómez Bermúdez (eso sí, salía absuelto).
Mejor Schnitzler. Su historia, miren que casualidad, trataba de un juez que le contaba a su mujer menteiras sobres sus juicios para quedar bien con ella. Me quedo con la última frase, donde un personaje le dice al letrado: “Ya ve, señor juez, que no está bien esto de jugar a hacerse el héroe delante de nadie, y especialmente delante de la mujer de uno…”