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Nariz
Miguel-Anxo Murado
MIENTRAS pasan por los cines la versión en película de El perfume, la policía alemana escribe su propia versión, pero lo hace en ese género incomprendido que son las fichas policiales. Al parecer, durante el último cumbre del G-8 en Alemania, los agentes se dedicaron a recojer muestras del olor de los militantes radicales: pañuelos del cuello abandonados, camisetas que se quedaron en la tienda de campaña o una zapatilla de deporte que una joven perdió corriendo en ese Sanfermín de la antiglobalizaicón que son los cumbres del G-8... Una unidad especial de los servicios secretos iba recogiéndolo todo pacientemente y metiéndolo en frascos, y ahora están clasificando ese material por si algún día pudiese ser de utilidad.
Hay quien está escandalizado en Alemania, porque este era un método que empleaba la STASI, la policía secreta de la difunta República Democrática Alemana. Había entonces un cuerpo de grises funcionarios que ponían su nariz al servicio del comunismo. Estos enólogos del crimen se pasaban los díos metidos en un cuarto oscuro oliendo un zapato, y luego un calcetín, y timando notas en un cuadernillo. Quién sabe como podrían luego disfrutar de la vida estos hombres y mujeres, que llevaban constantemente en el hocico el olor de sus enemigos. Homo hominis lupus escribió Hobbes, “el hombre es un lobo para el hombre”, pero no siempre es así: a veces es un jilguero, a veces un avestruz y a veces, como en este caso, lo que es el hombre para el hombre es un perro que le sigue el rastro no por medio de las sofisticaciones electrónicas de los satélites ni a través de esa forma sonora del alma qu ees la voz humana, sinó por medio del más primario de los sentidos, el del olfato.
Pienso en el almacén en el que se custodian ahora todas estas muestras que recogió la policía alemana durante la cumbre del G-8: una inmensa nave industrial que contiene desde el olor de la palma de la mano sudorienta de un manifestante hasta un preservativo usado que apareció por ahí. Ahora resulta que los policías e la Alemania federal no están aún habituados al estudio de esta clase de pruebas, así que sabiendo como van estas cosas, seguro que habrán contratado a los mismos que hacían el trabajo en la STASI, en los tiempos del comunismo. Los imagino yendo al trabajo de nuevo, de mala gana, condenados ahora a oler un enemigo diferente. Quién sabe si no se encontrarán con la sorpresa de que el olor de la rebeldía contra este sistema es parecido al de la rebeldía contra aquél otro que defendían entonces.