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Novatos
Miguel Murado
EN CIERTO modo, el tráfico es como un trágico proceso electoral, un referéndum diario en el que los conductores, con una participación masiva, votamos si seguir viviendo o no. Por eso hay una demagogia del tráfico, no muy diferente de la demagogia de los políticos, y existe también en el tráfico eso que existe en la política. La tentación de “gobernar con las encuestas en la mano”, como se dice.
Un ejemplo: La Dirección General de Tráfico está considerando prohibir a los conductores novatos conducir de noche porque, según una estadística, parece ser que el 18% de ellos tienen accidentes entre las 23:00 y las 6:00 h. Los conductores experimentados, en cambio, los tenemos en un porcentaje menor (en torno al 12%). Así, gracias a esta estadística nos enteramos de algo que en principio no parece demasiado sorprendente: de que los que acaban de aprender a conducir conducen peor que los que llevan en el coche toda la vida.
Ese estudio tiene toda la pinta de que lo hizo un estadístico también novato. Ya sólo considerando el número relativamente pequeño de conductores, novatos o no, que tienen accidentes por la noche, la diferencia de seis puntos porcentuales no parece muy significativa estadísticamente. Pero, ¿y de día? ¿No hay datos sobre los conductores novatos entre las 6:00 y las 23:00 h.? ¿No tendrán también más accidentes de día?
Es muy probable. Así que, ya puestos, la medida de la DGT se queda corta. Habría que prohibirles circular a los conductores novatos tanto por el día como por l anoche durante el primer año de carné. Dirán ustedes, y tienen razón, que esto habría que su segundo año de carné se convirtiese en el primer año de carné. De modo que la DGT, siguiendo su propio razonamiento, tendrá que ir algo más lejos y prohibir a los conductores que conduzcan, de día o de noche, para siempre. Desde luego, así iban a acabar para siempre con los accidentes (y con el tráfico también, que quizás tampoco estaría mal).
En fin. Está bien que se haga lo que se pueda por limitar el número de accidentes, incluso darles vuelta a las estadísticas, aunque sea una tan absurda como esa. Pero creo que es mejor, por si acaso, no prescindir de momento del método tradicional: el de que la policía de tráfico pare a los conductores que van mal por la carretera, de noche o de día, sin fijarse mucho en si son jóvenes o viejos, novatos o profesores de autoescuela. Y con los conductores novatos, pues habrá que cruzar los dedos. Igual que con los políticos novatos.