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Postal de Belén
Miguel A. Murado
EL AÑO pasado, quizás se acuerden, les hablab aquí de Belén. Les contaba que al ver pasar la cabalgata de los Reyes Magos me había venido el recuerdo de los tiempos en los que yo trabajaba, en esto y en aquello, a poca distancia del Portal de Belén, y reflexionaba (o algo así) sobre la realidad de aquella ciudad, perdida en la irrealidad de encontrarse en su no encontrarse en ningún sitio, en ese limbo legal de un país que no existe (En el limbo, por lo que se ve, no sólo está la inocencia de los niños, también la de los pueblos que no consiguen nacer).
No iba a escribir de esto otra vez, pero ayer, casi en la víspera de Reyes, tuve postal electrónica de una amiga mía que es de Belén, más concretamente del barrio de Beit Sahour, un sitio que todos ustedes conocen, incluso si no han estado allí: Es el lugar en el que la tradición quiere que se les apareciese el angel a los pastores, hace dos mil seis años.
En realidad, el campo de los pastores son tres: Los católicos dicen que es aquí, los ortodoxos que cae allá y los anglicanos aseguran que fue un poco más allá (a veces yo imagino a los tres ángeles, hablándoles a los asustados currantes en latín, en griego, en inglés). En todo caso, el lugar no se parece al sofisticado decorado de teatro barroco que pintaron los maestros italianos. Está el olivo, y están las ovejas, cierto, pero Beit Sahour es una tierra sedienta, no ese campo de golf donde duermen los pastores al raso.
Beit Sahour es también una villa de gente no dulce sino testaruda. Durante la primera Intifada ganó la triste celebridad de que, en un momento determinado, todos sus habitantes estaba en la cárcel (se habían negado en bloque a pagar impuestos a los israelíes); y ya cien años antes de eso los hombres de Beit Sahour desertaban en masa para no ir a la guerra de los otomanos en Bosnia. Se iban al lugar más alejado que conocían, Chile. Por eso, si paras a un viejo pastor de Beit Sahour en medio de la era y le dices “Buenos días” lo más probable es que te largue una parrafada con el acento de Jorge Edwards.
Volvamos al crisma electrónico. Termina así: “El Muro de los israelíes mide ya ocho metros, y ahora van a construir un nuevo puesto de control cerca de nuestra casa. Esta Navidad hay algo más de gente que las anteriores, pero con todo va a ser otra vez triste”. Para los greco-ortodoxos, que celebran la Navidad el día seis, esta noche es Nochebuena. Sí, esta es la gente a la que el ángel anunció la buena nueva.